martes, 27 de abril de 2010

El lado oscuro de los biocombustibles.

Hasta 100 millones de personas más podrían pasar hambre en el mundo como consecuencia de la apuesta de la Unión Europea (UE) por los biocombustibles, según el informe 'Comida o gasolina: el impacto de los biocombustibles industriales en las personas y el hambre en el mundo' presentado por Ayuda en Acción y ActionAid.



La Unión Europea se ha fijado como objetivo que el 10% de los combustibles de transporte procedan de fuentes renovables para 2020.
Para alcanzar esta meta, los Estados miembros han centrado sus esfuerzos en el uso de biocombustibles industriales, fabricados a escala industrial a partir de cultivos agrícolas, incluidos los alimentos básicos como el maíz, el trigo, la caña de azúcar o aceites vegetales como el aceite de palma, soja y colza.
Ayuda en Acción y ActionAid estiman que para hacer frente a las necesidades que plantea la UE sería necesario destinar 17,5 millones de hectáreas a cultivos para biocombustibles, una cifra similar a más de la mitad del territorio de Italia.
"El uso de cultivos para conseguir combustible para coches aumenta el hambre y no sirve para ayudar a detener el cambio climático. La enorme expansión en el uso de biocombustibles industriales debe detenerse", apunta Tim Rice, autor del informe.
El informe calcula que en 2020 el consumo de biocarburantes en la UE será cuatro veces mayor que ahora y que dos terceras partes procederá de países en vías de desarrollo.
El precio de los alimentos con los que se fabrican los biocarburantes se disparará y hará muy complicado su acceso a los habitantes de estos países, como sucedió en México en 2006 con el precio del maíz.


Tierras

ActionAid y Ayuda recuerdan que las grandes compañías están comprando terrenos a gran escala para producir biocombustibles.
"En todos los países en vías de desarrollo, las empresas de la UE ya han adquirido o están en negociaciones para adquirir al menos 5 millones de hectáreas", lo que provoca "escasez de alimentos para la población local y desplazada".
El informe advierte además que, A pesar de su buena prensa y de ser denominados como 'verdes', la mayoría de los biocombustibles industriales no ahorran emisiones de gases de efecto invernadero "si se comparan con los combustibles fósiles a los que reemplazan".
"El uso de cultivos para hacer combustible para coches aumenta el hambre y no sirve para ayudar a detener el cambio climático", asegura Rice, que aboga por reducir el consumo de energía y proponer objetivos e incentivos financieros para los biocombustibles sostenibles producidos a pequeña escala en la UE.



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